MARIA GABRIELA, INTENTANDO ALCANZAR UN SUEÑO.
María Gabriela, miraba con tristeza sus manos, que asomaban puntas de uñas cuarteadas > el maldito cloro y el jabón, me han destruido mis manos, por mucho que use guantes, me resecan mi piel> Se quejaba.
La joven, de veintidós años,
reflexionando sobre los motivos de la resequedad de sus manos, se percató que
la misma provenía por el constante uso de
jabones, detergentes y aromatizantes, lo que jamás había utilizado en
forma habitual, porque en su país
natal, se desempeñó como Asistente Legal, cursaba el último año de la carrera
de Derecho, cuando decidió emigrar.
Trabaja en labores de limpieza en las oficinas
de su paisano, un ingeniero en electrónica que había inmigrado desde décadas y
que hoy exhibe su sueño americano, con el emprendimiento de una empresa de
Marketing de Asesoría de Gerencia Administrativa, con
visión expansionista, Maga como la menciona el mismo dueño, apodo que se le ocurrió uniendo las dos primeras sílabas del
nombre comercial.
Nunca había limpiado ni arreglado
su habitación, porque en su hogar, cuando no llegaba la “cachifa” su madre se
encargaba de todo, desde la cocina hasta la limpieza total de la casa, la que había
dejado sin hipoteca, liberación que hizo su
padre, meses antes de su fallecimiento.
María Gabriela, piensa en
su nueva realidad y además, lidiar con el choque cultural que la desarma,
piezas que la pulverizan y otras quedan rotas, que no le permiten acomodar la
nueva visión de su persona. Tal como si se tratara de un juego de piezas, no le
gusta su nueva versión, pero tiene que pagar renta, alimentos y encima girarle para
la manutención de su madre y un hermano menor con discapacidad congénita.
Por otra parte, tener que
batallar y soportar las miradas lascivas de su jefe, que vive posándolas en cada
parte del movimiento realiza u cuerpo, como persiguiendo una presa, buscando
un sitio de la humanidad de la joven para satisfacer sus instintos, que ella
misma lo ha sorprendido cuando le fija en sus senos, en su cadera o en
su trasero sus ojos de bestia hambrienta. Muchas veces, esas mismas miradas, la
sintió que la acosaba cuando subía las escaleras del segundo piso, ubicación
del staff de la sección de tecnología, y desde abajo, sentía adheridos los ojos
saltones y atrevidos de su superior, fisgoneando algún desplazamiento que le
permitía ver más allá de lo que ocultaba su falda.>! ¡Cómo te odio!
depravado! > Internamente se expresaba la chica.
María Gabriela, sabía que
era una mujer hermosa y educada y que no necesitaba de mayores artificios para verse
pulcra y bien vestida. La acompañaba una postura naturalmente elegante, por eso
estaba tranquila, poseía una imagen de “buen aspecto” lo que le
aseguraba una colocación digna, pero su gran debilidad, era no encajar. Por
mucho esfuerzo que realiza en calzar en el juego imaginario de un rompecabezas,
ella como pieza, se percibía estar de
más, como una porción que se había
introducido en una caja de juego equivocada.
Ahora, llora, al mismo
tiempo canta y ríe de sus adversidades, reconoce que tiene que sobrevivir y la
medicina para su sobrevivencia es una actitud positiva, de triunfo. No tiene
tiempo para lamentarse ni arrepentirse, está allí en ese espacio ajeno, como un
cuadro mal puesto en una pared que queda colgando, pero que no se terminan de
caer.
Tampoco se permite enfermarse,
no hay licencia que justifiquen un día sin laboral, trabaja de lunes a domingo,
igual batalla con el cambio estacional, lo que la motivan a representarse otras
perspectivas…El invierno solo lo conocía en películas. Ahora se imagina, protagonizando
un personaje de una serie de Netflix: Serie en 7 episodios: < “La pieza que no
encaja” o “The piece that doesn´t fit”, con la participación especial de
la actriz Ana Gabriela Rodríguez Gutiérrez, quien forzosamente, cruzó la
frontera para poder vivir en condiciones mejores, pero lo que nunca se representó
que estas podrían existir en otras partes, peores
y adversas>. Es que de dónde venía, Ana Gabriela poseía casa propia, usaba
el vehículo de su padre y conocía perfectamente su idioma. Ahora debe enfrentarse
al estudio de un idioma en un curso nocturno, porque de lo contrario, en algún
momento, podrá ser atormentada por el bullying, el acoso, la discriminación, por no
saber hablar el nuevo idioma. hasta por
parte de sus propios pares.
<No hay como estar
en su país, no importa en qué condiciones vivas, pero yo, que lo tenía
medianamente todo, sin exceso, aspiré a más y ahora estoy atrapada en el “modo”
desigual>
Así, pensaba, mantenía
una pugna interna, lo que había dejado y lo que encontró y experimentó.
Pretendía convertirse en una ciudadana que aspiraba hacerse “legal”, pero
sabía que, aunque lo lograra, siempre sería una inmigrante con situaciones de desigualdad
que las que ya poseía.
Asimismo, comparaba su salario, que solo le
alcanza para cubrir el arriendo de un cuarto, pasajes de transporte y comer comida
callejera. Por ello, cuando en algunas ocasiones, le le sobra en el bolsillo algunas
monedas y logra cenar con una pizza, siente una fiesta nacional en su estómago y
sigue pensando y creyendo, en el sueño posible, el mismo que se le había cumplido al lujurioso de su jefe.

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