ES SOLO UN ESPERMA...
El choque de la lluvia con los cristales de las ventanas de la habitación, no impedían escuchar las explicaciones que el hombre trataba de ofrecerle a Mildred, su mujer.
-Es solo un esperma. - Respondió con tono de disgusto ante la pregunta de la cónyuge.
. <Impía respuesta, lo que dice lo hace
más canalla. Justificación insolente e inhumana.> -Pensó ella.
-Y no me mires como si
fuera un monstruo despreciable- Seguía hablando Gerardo.
-Ya te lo dije, es solo un
esperma, no hubo nada, no hay sentimientos que valgan. – Fue una noche
desenfrenada de licor y esa bicha que es una calculadora, aventajada me invitó
a su cama… ¿Y qué creías que iba hacer, dime, decirle que no? - La muy descarada
me dijo esa noche, que con ella yo no tenía ningún temor en salir “preñado” porque
tomaba anticonceptivos.
Afuera, seguía un persistente
aguacero, colándose entre las rendijas las luces relampagueantes con el sonido característico
de las descargas eléctricas. Ninguno de los dos prestaba atención a lo que la
naturaleza en ese momento presentaba.
-Tú, solo quédate tranquila,
no inventes nada de divorcio. ¡Solo fue un esperma ¡que se escapó
y por ello no me siento responsable. --¿Cómo piensas acabar
este matrimonio que los hemos mantenido por siete años, por un maldito esperma
que se fecundó? -No, no veo la traición. - Enfuscado, con ademanes airosos,
Gerardo seguía digiriéndose a su interlocutora, quien mostraba una postura de una asombrosa calma. <No, esto no puede estar
sucediendo>-<No, no fue con ese monstruo sin alma con quien me casé
y procreamos dos hijos<-Se dijo.
-Escúchame bien y quiero que
te graves esto: ¡solo fue sexo y punto! - Y no me señales como Irresponsable, porque
irresponsables fuimos ambos: la que
abre su receptáculo y el que penetra. -
Entiende, en la jungla de la vida, animales somos todos, ella como
hembra y yo como macho. A la final, bestias somos todos, solo que por
civilización nos llaman hombres, no somos dioses, somos seres mortales y
erráticos.
-Deja de apuntarme mujer
loca- ¡No asustas a nadie! ni siquiera sabes cómo tirar del gatillo.
Ella ensordecida recordó las
humillaciones, las que fueron regularmente constantes y permanentes…Evocó cuando
el hombre llegando a cualquier hora de la madrugada con una borrachera encima, amenizándola
si le reclamaba alguna conducta, él la reventaría de golpe, que al día
siguiente tenía que acudir a emergencias. Recordó también, el olor de licor que se expandía
por toda la habitación, así con ese aspecto pretendía que accediera a sus
deseos carnales. Ella se negada, no quería ser utilizada, y a la fuerza, como
una muñeca de trapo la arrastraba a la cama, la obligaba a abrir las piernas y
la penetraba cuantas veces él quería, con movimientos torpes y violentos que al
final le causaban lesiones en sus partes íntimas. Para ella era un vergonzoso y vulgar acto de violación,
y aunque ella se resistía y se oponía a cualquier acercamiento, él la dominaba
en fuerzas, no existía proporción en la
defensa: el hombre alto, con contextura atlética y ella de estatura baja, con
una delgadez visible, que, para la opinión de otros, exhibía una imagen de
total fragilidad.
Forzosamente, se acordó de los
forcejeos entre ambos, los que dejaban moretones producto de las huellas de las
manos ásperas del hombre, que con brutal dureza la obligaba a
mantenerse callada, tapándole la boca con la mano derecha, mientras hacía uso
de su cuerpo y que, después de satisfacerse, la volvía a tirar en el lecho, ese
que ella odiaba y que ya no compartía con ese ser que desconocía y que alguna vez,
la hizo su esposa.
Rememoró el rostro de la mujer,
la que la había visitado en horas tempranas, cuando escuchó el timbre de la
puerta de su residencia y ella abrió. Nunca
la había visto, que al apersonarse y sin identificarse le preguntó:
- ¿Usted es la esposa de Gerardo
Colmenarez? - Y sin esperar respuesta le dijo:
- Fíjese bien, mire mi abdomen, estoy
esperando un hijo y el padre de ese hijo, es su esposo. - Y de forma inmediata, con pasos firmes y
apresurados, la intrusa se introdujo en un vehículo y poniéndolo en marcha a
toda velocidad, abandonó el lugar.
Ella ´quedó petrificaba, no
podía dar un paso.
-No empieces a mentir de nuevo Gerardo, estás descubierto.
El hombre avanzó hacía su mujer. Ella no gritó, su calma era terriblemente asombrosa.
>Estoy decidida>- pensó.
- ¡Te
arrepentirás mujer loca de estar haciendo esa escena! Gritó enfurecido.
La frase puso en alerta a la mujer. No fue solo la infidelidad, se sumaron todas las humillaciones, las amenazas veladas y los maltratos físicos y psicológicos, éstos últimos visiblemente la estaban afectando, al punto de estar visitando un especialista de la psicología.
Ella retrocedió, después vino el forcejeó ….
El ruido del disparo corto y rápido cesó. Fue un solo estallido.
Después, observó el cuerpo de su esposo que yacía en el piso, cubierto
en sangre.
-No tiene signos vitales- Dijo alguien del equipo de paramédicos,
Se llevaron el cuerpo y ella, con pasos decididos salió caminando hacia el
centro policial más cercano a su domicilio.
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Muchísimas felicidades por este capítulo, quedó magistral la manera en que manejas la tensión psicológica y el contraste entre la frialdad cínica de Gerardo y esa calma imperturbable de Mildred tras tantos años de abusos y humillaciones acumuladas, culminando en un desenlace tan impactante y realista donde ella misma asume las consecuencias caminando hacia la policía. ¡De verdad que atrapa de principio a fin y nos deja reflexionando profundamente sobre el límite de la dignidad humana!
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