EN LA CONFESIÓN
No
podía dejar de mirar la mano morena que descansaba sobre el apoyabrazos de aquella silla, era lo único que alcanzaba su vista a través de la cortina de tela
perforada que alguna vez fue blanca, que cubría una desgastada rejilla.
Al instante,
como episodio improvisto de un corto film, su mente revivió el recuerdo de unas
manos largas masculinas de uñas cortas. Fueron las manos que le acariciaron
tantas veces su cuerpo y las que besó frenéticamente con apetito voraz,
insaciable, agradeciendo con sus movimientos las sensaciones pasionales en su humanidad.
No podía dejar de observar la mano morena, que la desviaba
en ese momento de sus propósitos.
< -Solo fue un fugaz recuerdo guardado en mi
subconsciente, que aún perturba mi calmado pensamiento > Se dijo.
- < ¿Por qué no pude volverme a enamorar?
¿Por qué no tengo el derecho de volverme a enamorar < - Se preguntó y
se respondía:
- <Quizás
hubiese sustituido su figura, su aroma y hoy estuviera amando, entregada a otro
hombre y regodeándome entre pasiones y deseos<
- ¿Por qué insiste sobre eso? - Interrogó el interlocutor.
Obviando la pregunta, recordó al profesor
universitario, al próspero comerciante y al colega con quien solía conversar en
las tardes que mitigaban sus horas de hastío, las que entretenían sus oídos con
elogios de simpatías sobre las que nunca creyó:
> ¡-Que hermosa estás! ¡qué atractiva
te ves hoy<- Seguía evocando:
No, no bastaba. Hacía falta la química,
la energía que amalgama dos corazones que se unen en plenitud para
el éxtasis entre lo dulce
y salado, frío y caliente, duro y flexible, seco y húmedo. Delirio brutalmente pegado
al candor que quema las espontáneas manifestaciones eróticas, restos dejados en
aquel lecho que ella recuerda tremendamente bañado de perfume, sexo y rosas.
- ¿Por qué no me volví a enamorar? - Preguntó de nuevo:
-< Faltó la combinación extrema que ofrece la lujuria, que despierta la inocencia y desnuda el amor, que, abandonando la sensatez, lo sumerge en el abismo de una locura, empoderándose de una la fuerza viva para el disfrute de la vida. Después yacían dos cuerpos, el de él y el mío, desnudos, cansados y entregados en la gratificación de la entrega amorosa y auténtica. <
- ¿Por qué no me volví a enamorar? -Se preguntó
otra vez. - Ya con un tono elevado, pero profundo, como repensado muchas veces
y con ganas de sacar los motivos añejos que tenía dormidos muy dentro y que despertaban para sorprenderse ella misma. - Luego gritó:
- ¡Porque faltó demasiado! no es suficiente la lujuria ni el sexo, cuando
no existe lo elemental: la honestidad del sentimiento que abrace la seducción,
la pasión, la admiración, la lealtad que sientan dos seres, que se funde en una
sola relación y esta lleva una línea vertiginosa, y que el otro rompe, descendiendo abruptamente,
sin retorno…es difícil que lo que cae de nuevo vuelva a subir…
- Señora…por favor, ¿por qué confiesa esas
impresiones íntimas e inoportunas? – Volvió a intervenir el interlocutor.
-¡Porque sus manos me recuerdan las de mi exesposo!
- Exclamó con tono agudo la mujer.
-Háblame de su verdadero propósito, recuerde
que este acto debe tomarlo con respeto
- Manifestó el oyente, expirando y exhalando, con un sonido profundo y seco.
- Puedo concluir que el subconsciente me ha
traicionado y sus manos han sido el foco de mi atención. -Discúlpeme mi ligera impertinencia
y como ha demostrado que no tiene oídos para mi confesión, me retiro. De por
culminado ese acto.
Con un rápido
gesto se levantó del confesionario y el párroco de aquel pueblo, sorprendido
por la reacción de la fémina, pensó:
< O es un ser confundido o posee el resabio
de una actitud maliciosa>
> ¡Hay mujeres!! Hasta en el confesionario
son impredecibles>
ANA
SABINA PIRELA PAZ
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Qué fragmento tan intenso y atrapante! Me encantó cómo manejas la tensión psicológica del personaje dentro del confesionario. Esa transición donde un detalle tan cotidiano como unas manos desata una avalancha de recuerdos y reflexiones sobre el amor, la pasión y la pérdida es magistral. Además, el cierre con la reacción del sacerdote le da un toque de ironía y realismo humano excelente. ¡Cada vez disfruto más leer tu visión literaria!"
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