EL SONIDO DEL RECUERDO
- < ¿Qué es ese ruido que escucho y que no puedo identificar? <-Se preguntaba incesantemente la mujer. Era un sonido que le parecía a veces cercano y en otras ocasiones muy distante. Pero estaba allí, metido en su cabeza que, al oírlo, por la ventana o por la puerta entreabierta, en horas tempranas de tarde o por la noche de 7:00 a 9:00, la sonoridad la entristecía y le enervaba la motivación a un recuerdo que a su mente le era difícil traerlo al presente.
Ella se agobiaba buscando respuestas, moviendo de cada lado
su cabeza como si el vaivén la fuera a enfocar en dilucidar sus interrogantes. El
estruendo en sus tímpanos era lo suficiente corto, lo bastante largo.
-< ¿Qué es
esto que me hace agitar mi cabeza? <- Seguía preguntándose. El estrépito la mantenía en un estado de exaltación
emocional de tristeza, tratando de evocar el evento que no lograba identificar,
y que, sin duda, la movilizaba negativamente por la ansiedad que presentaba, pero
que la colocaba en un punto de un recordatorio nulo.
El choque de la resonancia aguda la enloquecía. Sabía que no eran las campanas
de ninguna Iglesia. En ese pueblo no había templos. Vivía gente de diferentes credos
que caminaban como autómatas en varios sentidos. Una fuerza la impulsó a salir
una tarde otoñal en busca del estruendo, del bullicio que alteraba su
personalidad cuando por ella era percibido.
Corrió por varias
calles que lucían ya secas, después de una temprana lluvia, ni el frio la
detuvo. Iba envuelta en un traje de lana
largo de color ámbar, arriba un tapado verde oliva, cubierta su cabeza con un
gorro marrón oscuro, que dejaba descubierta la mitad de su cabellera dorada, saltando
charcos y haciendo crujir las hojas secas por las pisadas de las huellas dejadas
por las botas negras y largas del mismo color de su gorro. Sentía ráfagas de
viento helado que castigaban con filos veloces su rostro. De a poco, podía oír aproximándose
el choque metálico que la había lanzado a las callejuelas. Oía muy cerca el
chirrido de fricción que la inquietaba.
De pronto paró su andar, detuvo sus
pies, como si alguien con un control remoto impidiera su próximo paso, pero ¿que
la hizo fijar sus ojos en una extraña superficie? -< ¿Qué es eso? … ¿Qué es esa hilera de hierro que sale entre
la tierra? <- Se preguntó varias veces en voz alta.
Un claro de luz inundó su mente, antes nublada y confusa.
Venían recuerdos, ahora diáfanos. Podía evocar rostros, objetos, lugares y fechas…Como si el
negruzco cielo encapotado de nubes oscuras dieran paso a nubes blanquecinas,
que quedaban posadas en su recién despertar del raciocinio… y levantando los brazos hacia el cielo, con
voz fuerte expresó, sin notar la presencia de los demás transeúntes:
- < “¡Son los rieles del tren! … que máquina tan larga y ruidosa.” <
Recordó, ante su imprevisto
despabilar un lugar cualquiera, de un pueblo cualquiera, cuando de niña alguien
le soltó la mano y la dejó en una parada de la estación de un tren, en donde
personas hablaban otro idioma, con vestuarios diferentes y una geografía que
desconocía.
Otro cielo
recordaba. Ya era mucho tiempo transcurrido, y ahora venía a sus oídos el
sonido del tren que ella pensaba haber olvidado, pero que recobrada vida cuando
evocaba aquellas manos que le soltaron las suyas y la dejaron sola en una
estación lejana y sin nombre.
- > “Ya sé que son los rieles del tren…pero … ¿de quiénes eran las otras manos que soltaron las mías? “>
La mujer giró a la vuelta y retomó el camino de regreso que
hacía de vez en cuando. El mismo recorrido que los lugareños de aquel pueblo ya
estaban acostumbrados a ver en la imagen de aquella mujer de apariencia ansiosa
y melancólica.
Ana Sabrina Pirela Paz.
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Qué manera tan bellamente melancólica de retratar el peso de los recuerdos inconclusos. El sonido metálico del tren no es solo un elemento del entorno, sino la llave que abre el cofre de una memoria dolorosa: la infancia marcada por el abandono o la separación en una estación sin nombre. Esa búsqueda desesperada por identificar de quién eran las manos que soltaron las suyas nos sumerge en un viaje interno donde la protagonista camina entre autómatas, buscando en el exterior las respuestas que habitan en los rincones más profundos de su propia psique. ¡Una prosa exquisita que atrapa los sentidos!"
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